El Sur

Somos amigos-hermanos que se conocieron en la vida patagónica de lagos, montañas, frambuesas y grandes talleres llenos de herramientas. No somos gente de traje y corbata que encontró una idea de negocio, consiguió una inversión y se puso a producir. Yaeltex se formó orgánicamente, del interés y la pasión en común por crear. Seguramente hayan tenido algo que ver esos largos inviernos de nieve con un destornillador y muchos juguetes que desarmar al alcance de la mano. Quizás tengan que ver en nuestras pasiones los bellos planos y diseños arquitectónicos que se veían a menudo por lo de los vecinos Tam y Peter, o nuestros curiosos padres y abuelos, reparadores y makers desde antes de que exista el término. Algo tendrán que ver también las zapadas, batucadas y rituales musicales hipposos trasnochados de los que fuimos felices testigos cuando eramos chicos. Por algo elegimos decirle taller a nuestra oficina (además de que sea un perfecto híbrido entre las dos). Será por todo esto que somos amantes de lo artesanal, del oficio, de lo noble, lo robusto, la fiesta, el baile y lo colectivo.

A lo largo de la existencia de Yaeltex conocimos ese adictivo sabor de emocionarnos con una idea, darla vuelta mil veces, laburarla y ser como mamás y papás atontadamente orgullosos al verla finalmente nacer. De la misma manera nos volvemos a emocionar con esos primeros pasitos, cuando nuestras creaciones empiezan a hablar por sí solas. El camino es el aprendizaje, y de ese camino ya recorrimos un buen tramo.

La Sensible

La Sensible (2009)

En 2009, Alejo, el mayor de mis hermanos y yo (Mateo), con 11 años de diferencia pero muchas pasiones en común, empezamos a vivir juntos en un departamento de Colegiales, lejos del sur natal. Con algunas cosas que Alejo había traído de su estadía en Alemania, algo maravillados en la experimentación del “casi nuevo” Ableton Live, y mucho tiempo libre, empezamos a armar La Sensible. Aunque no sabíamos ni soldar, el proceso completo de creación resultó demasiado hermoso como para no repetir tal fiesta de endorfinas. La Sensible es no sólo el primer controlador MIDI que hicimos, si no el más raro e impulsivo. Cualquier parecido con el auto de Homero Simpson es pura coincidencia.

Con La Sensible en la mano empezamos a buscar un nombre. Yaeltex era la fábrica textil que mi abuelo y sus hermanos fundaron al llegar a Argentina a mediados del siglo pasado, y la idea de retomarlo no tardó mucho en caernos bien.

Los dibujos y bocetos de controladores MIDI al margen de las hojas en mis cuadernos de análisis matemático, álgebra y psicoacústica empezaron a dejar cada vez menos lugar a las ecuaciones. Al mismo tiempo, Alejo siguió jugando con Live y conoció a Javi, y juntos empezaron a trabajar en el documental Jardín de Sueños, su primer colaboración. En 2010, y por la mágica culpa de Javi, es que finalmente conseguimos un lugar (y qué lugar): la querida guarida, Guatemala, en alusión a la guapa calle de Palermo. En principio, se convirtió en la sede de todos los trabajos que nos interesaban y podíamos abarcar en las ramas de nuestro interés: instalaciones, video en tiempo real, cine y desarrollo de hardware. Casi sin darnos cuenta nos convertimos en un laboratorio de interactividad, arte y tecnología.

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Guatemala

Franco (Sano, para los pibes) era uno de los tantos talentos amigos con los que colaboramos en distintos proyectos. Estudiante de ingeniería electrónica, hermano, compañero y amigo desde la secundaria, una máquina de trasnochar, un feliz nerd y guitarrista se sumó a Yaeltex de manera fija en 2014, cuando volvió de estudiar y trabajar por un año también en Alemania. Sano fue el condimento que nos empujó a tomarnos mucho más en serio lo que podíamos llegar a ser – y a hacer. Fue también con esa seguridad que nos permitimos definirnos principalmente como desarrolladores de hardware.

El Norte

En este ciclo de jugar, crear y experimentar pasamos nuestros últimos 7 años. Siempre intentando hacer cosas nuevas, perfeccionar, y esforzarnos por lograr que Yaeltex sea pasión, trabajo y nuestra propia universidad. Indispensable también nos es poder aprender, conocer y colaborar con amigos, en otras palabras, aprovechar las personas sarpadas que nos rodean. Probamos, nos ponemos ansiosos, trabajamos hasta las 5 de la mañana y nos alegramos infinitamente cuando eso que hacemos termina funcionando.

Hoy estamos dando un paso enorme, abriéndonos al mundo, ofreciendo lo que creamos y compartiendo nuestra experiencia para que otros puedan acercarse al mundo de la fabricación de sus propias herramientas. Siempre lejos de la corbata, pero poniéndonos serios para ofrecer buenos productos y servicios sin perder de vista nuestras ideas y convicciones. Esto se traduce en mucho y mucho trabajo y en ponerle todas las fichas -a pesar de la impredictibilidad que ronda a los pequeños emprendimientos tecnológicos en nuestro país- a la independencia, a abrir nuevos caminos sostenibles, a crear tecnología de latinoamérica para el cosmos.

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Foto grupal del TCMIDI#2

Creemos firmemente en que crear es liberador. Lo vivimos en propia piel. Ya pasó el momento en el que la tecnología resultaba una caja negra para casi todo el mundo menos para los ingenieros o técnicos y que, si vamos a vivir en un mundo tecnológico, debemos poner a la tecnología a trabajar para nosotros –y no nosotros para ella. Creemos que hay tantas maneras de expresarse como personas. En vez de estandarizar los lenguajes, la tecnología puede servir para sacarlos a la luz e inspirar nuevos.

Encontramos fuerza en lo escaso y lo único. Creemos en lo inusual.